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El veganismo se abre paso en mi cabeza

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El dejar de comer alimentos de origen animal ha sido desde años una meta para mí, aunque debo reconocer que he tenido que ir haciéndolo por etapas. Ahora, que llevo casi seis meses sin comerlos, puedo decir que estoy preparado para dar el salto definitivo de convertirme en vegano.

Quienes habéis leído artículos de este blog os habréis dado cuenta de que siempre he criticado la industria y el consumo de carne, no solo por sus implicaciones éticas, sino también por sus efectos medioambientales.

Realmente, el ser humano puede alimentarse de productos vegetales y mantenerse con una buena salud, pero para eso debe ser muy cuidadoso con su alimentación y cuidar las carencias. No soy yo, recién llegado al veganismo, quien puede o debe hablar de eso, puesto que yo debo aprender de otros que han abierto camino.

Coherencia ética

Lo cierto es que yo sé que debo dar ese paso, por coherencia ética. En los últimos años he restringido el consumo de productos animales: menos carne y escogida entre aquellos animales que se garantizaba que su vida tenía un mínimo de bienestar: pollos de corral, cerdos de bellota, ternera de Asturias. Y así he ido diciéndolo a lo largo de los artículos, en los que hablaba de cómo introducir los fermentados.

Pero, desde hace seis meses (Diciembre de 2016) he dejado de comer incluso estos productos de matadero, sustituyéndolos por una muy variada y completa alimentación vegetal.

Yo no puedo seguir participando en la masacre de animales. Lo declaro y expreso de la mejor manera que puedo. Y si este artículo sirve para ayudar a otros a decidirse a hacer lo mismo, me alegraré.

En mi familia ya somos unos cuantos los que hemos llegado a esa conclusión. Pero nadie ha obligado ni presionado a nadie para alcanzarla.

Por tanto, a partir de ahora intentaré orientar mis artículos hacia la linea vegetariana estricta. Y agradeceré opiniones y comentarios acerca de esta nueva situación. Y consejos, por supuesto.

Otra actitud que me parece importante es la actitud no combativa: comer preferentemente vegetales, pero no dar la nota. Si en una comida no hay otra opción, callarse y comer lo que puedas comer. Al ser una cuestión de conciencia, no me parece bien hacer “presión”. La presión o el proselitismo, generalmente produce enfrentamientos y oposición.

vacas
Vacas

Mi relación con los animales

Desde hace años he ido estrechando mi relación con los animales que han estado cerca de mí. Escuchar a un animal, leer sus ojos, interpretar su lenguaje no verbal, que es casi el único que tienen, me ha dado una gran habilidad para leer sus emociones. Y he sabido establecer una auténtica comunicación con todos aquellos con los que he tratado hasta ahora.

Reconozco que, a lo largo del tiempo, he ido refinando mi sensibilidad. Durante ese proceso se ha ido haciendo más clara mi consciencia y la niebla se ha disipado de mi mente. Yo, hace 30 años, no comprendía a mis perros y mis gatos igual que lo hago ahora. He mejorado.

Y esta evolución personal, en la que lo más importante ha sido hacerme “consciente de los otros”, me ha permitido darme cuenta de que todos los animales, sin excepción, tienen las mismas emociones y las comparten con sus hermanos humanos. Hermanarme con ellos en el miedo, el amor, la necesidad de ser queridos y protegidos, me ha hecho despejar mi mente definitivamente, y ver claro. Y desde que he llegado a esa conclusión,  cuya semilla fue implantada en mi corazón hace años, ha ido creciendo la certeza de lo injusto que es abusar de ellos, aunque sea para alimentarnos.

Es por eso por lo que ya no caben tibiezas o puntos medios: si un animal sufre, yo no tengo derecho a abusar de él. Y un animal sufre siempre que se le explote, porque yo sufro si se me explota.

Me gustaría traer aquí la frase de Francisco de Asís:

“Los animales son mis amigos, y yo no me como a mis amigos”

Saludos.

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13 Comentarios

  1. Soy admirador de su blog, pero si animo de presión o proselitismo, habiendo observado la naturaleza en su diario obrar, habiendo reflexionado sobre la imposibilidad que tenían nuestros antepasados de alimentar a todos los hervíboros machos que nacían y que se sacrificaban (como ocurre igualmente en la naturaleza salvaje) le ruego tenga las palabras de Claudio Bertonatti, un famoso naturalista que en su día fue vegano:

    “La deforestación: desalojamos a la naturaleza para plantar. En Argentina directamente se quema la selva y se queman nidos con lanzallamas. Luego hay que defender la siembra de las aves que vienen a hurgar, por lo que muchos propietarios distribuyen granos envenenados. Después, los herbívoros silvestres van a ir a por los primeros brotes: se ponen entonces alambradas eléctricas, o directamente se cazan a tiros”

    Bertonatti explica que a pesar de haber sido vegano durante varios años, decidió volver a ser omnívoro desde que entendió que el motivo inicial por el que había dejado de consumir alimentos de origen animal tenía falencias, y pensar que de esta manera no se estaban matando animales, era una percepción ignorante.

    “Lo que plantea entonces es la constatación de la realidad ambiental en el terreno y, fundamentalmente, la comparación de los campos donde se producen los alimentos. Por eso propone un ejercicio: “Visiten un campo ganadero y otro agrícola en una misma región y anoten la diversidad de formas de vida que ven en cada uno de ellos.”

    Que unas gacelas mueran depredadas por el león permite a otras gacelas disponer de hierba para vivir. Sin depredadores, la población de herbívoros se dispararía, desbrozando los incipientes arbolítos, que no llegarían a convertirse en árboles adultos, produciendo importantes cambios en el clima….

    Héchale un vistazo a estas reflexiones de una ex-vegana:

    http://loquehagoesloquesoy.blogspot.com.es/2014/06/vegetariana-veganismo-reflexiones.html

    • Eduardo, me he tomado mi tiempo para reflexionar (un poco más) sobre su comentario y poder expresar correctamente las verdaderas razones por las que he decidido apostar por el veganismo. Seré breve…

      Todos los argumentos que leo en su comentario tienen su razón de ser, y no puedo negar que son ciertos. Es por eso por lo que, hasta ahora, no había dado el paso.

      Pero hay una realidad que me resulta muy dolorosa y que ha constituído la razón definitiva: la muerte sistemática, industrializada, masiva… de millones de animales, sin que (y esto es importante) los consumidores finales tengamos contacto con ellos, al menos antes de su consumo como alimento.

      Yo no condeno la muerte de un animal para ser consumido, lo que me horroriza es el holocausto al que sometemos a millones de seres indefensos. Rechazo esto, y de la misma manera admitiría la crianza en condiciones humanas de un animal en un entorno natural amigable, con su posterior sacrificio personal y único por aquel que le crió. ¿Por qué?… porque de esa manera quien sacrifica “se moja” y, siendo él o ella el matarife, el criador y el consumidor final, mide en su dimensión exacta el coste emocional de hacer tal cadena de cosas. Si convives con el animal hasta que tienes que matarlo, tuya será al final la decisión de mantener animales para el consumo, y tu sistema de valores (vida-muerte, coste-beneficio) evolucionará con esas experiencias. Si te resulta terrible matar, dejarás de hacerlo. Si necesitas matar para vivir, lo harás… pero el animal mientras tanto habrá vivido una vida digna de ser vivida.

      Es decir, cuando el sistema “encarga” a otros la muerte masiva, el propio sistema está trastocando el sistema de valores y creencias (respeto a la vida, respeto a la individualidad, reconocimiento de conciencia en los animales…). La muerte está presente en la Tierra, nadie lo duda. Es, por tanto, natural cazar y ser cazado, pero siempre y cuando los medios sean equiparables (y no lo es un rifle con mira telescópica) y exista riesgo para ambos.

      Ya sé que me separo de la realidad humana histórica… pero estas son mis reflexiones. Por eso, he decidido seguir el veganismo.

      Saludos.

  2. Estimado Probiótico, tengo que darle la razón en lo que argumenta. El hecho de que consumamos carne sin tener relación alguna con el proceso de crianza o de sacrificio es amputarnos de la realidad de la existencia y de asumir nuestro orden en la cadena trófica y eso, lejos de hacernos más sensibles, nos hace más crueles. En los países islámicos, cuando se compra una gallina en la tienda te llevan a la trastienda para que la elijas y la sacrifiques si quieres, luego ellos te la despluman y te la llevas a casa. De esa manera no se consume carne por capricho, lo mismo he visto a los niños pedir carne y el padre decirles que bien, pero que ellos deben matar al animal, ves el duro problema al que se enfrentan esos niños que diariamente juegan con los animales. Todo eso te vuelve consciente y responsable, efectivamente la matanza industrial es una lavandería de conciencias, es como la guerra a base de bombardeos y drones, no hablemos el disfrazar la carne en formas diversas y con especias para ocultar su orígen.
    Otro asunto usurpador de nuestras conciencias que he descubierto respecto a la carne es el consumo que se fomenta de los despieces más “nobles2, dejando prácticamente fuera del mercado las denominadas “despojos” (reciclados en forma de “hamburguesas”), que a más de uno le espantará el solo pensar que un ser humano pueda llegar a consumir. Por mi experiencia en África, como ocurre en toda Asia, América y antaño en Europa, todo se aprovecha y cada parte tiene su nobleza, su uso y su poder nutritivo incluso curativo. Con este clasismo exagerado, nos perdemos las mejores partes del animal. Aunque este ya no sea tu “asunto”, lo comento porque me parece importante.

  3. Adelante !! una decisión valiente , nada que decir nada que añadir , solo que enhorabuena por tu nueva etapa Vegana!!

    Un saludo!! y enhorabuena por el Blog el cual sigo desde hace tiempo

  4. LLevo meses siguiéndote, pero hacía un tiempo que no entraba. Me ha sorprendido el título de esta entrada. Como persona que también tiene consciencia medioambiental y ética hacia los animales, me pregunto, cómo hacer para comer alimentos vegetales que no hayan supuesto una erradicación de la población animal autóctona. Eso suele pasar con los grandes monocultivos. Sé que comprando de cercanía y de temporada mejora el asunto, aunque desconozco hasta qué punto.

    Otra tema parecido pero no relacioando que me ronda la mente cuando pienso en productos bio, con menor rendimiento, es cómo justificar su consumo desde el punto de vista ético. Teniendo en cuenta que la mayoría que se puede permitir esos productos es gente con un poder adquisitivo medio-alto (muy alto si comparamos con países cuyo problema básico es la desnutrición), que “desperdicia” mucho terreno y por tanto, de nuevo, el hábitat de animales salvajes.

    Al final una de las cosas que siempre me ha inclinado hacia el limitar el consumo de carne y que es el alto coste de recursos para producir un kilo de carne, pudiéndose utilizar para alimentar humanos, parece que en vegetales bio no mejoraría mucho el asunto.

    En cuestión de sufrimiento animal, está claro, ganadería intensiva es una aberración. Con el resto, tras investigar un poco la ganadería de pasto (muy minoritaria hoy en día), como no supone un aumento del gasto de recursos, más al contrario parece ayudar al ecosistema, al final siempre me lleva al mismo punto:

    ¿Cuáles de mis acciones provocan menos daño? Está claro que haga lo que haga va a tener un efecto más o menos negativo. Lo ideal sería que no lo fuera en absoluto, pero parece complicado.

    Desde luego, esta búsqueda, que me ha llevado años, ha relajado mis prejuicios en este tema. Para mí matar animales no es un problema per se, lo entiendo como parte de la naturaleza, millones de animales lo hacen día a día para sobrevivir (soy bióloga, quizás eso ayude). Pero no me creo con derecho sobre otra especie. El problema ético que le veo, y grave, es que yo no estoy en igualdad de condiciones. Como carne porque puedo. Y eso para mí es lo reprochable. Si viviera en naturaleza y matara con mis manos al bicho por superviviencia, pues mira, hoy le toca a él, mañana a mí.

    • En efecto, “como carne porque puedo” es la mejor forma de describir la situación. Eso podría describir una situación de abuso, en la que millones de persones utilizamos la preponderancia que nos da pertenecer a la especie dominante. Dominar, abusar, en fin aprovecharse de una desigualdad obtenida “con el sudor de la frente” a través de miles de años de desvelos, lucha, trabajo, sufrimiento… no me parece la mejor manera de celebrar que hemos conseguido, por fin, no ser aplastados por la naturaleza. Bueno, eso al menos, en lo que se refiere a ser “comidos” por otros… porque morir, habremos de morir indefectiblemente antes o después.

      Ahora, quizás, la libertad es cada día más, elegir de qué quieres hacerlo.

      Saludos.

  5. No como animales por la misma razón que no como humanos.Los considero prójimos.Tengo gatos y perros: son mis compañeros. Y no veo la diferencia con los animales de granja. Se que haga lo que hiciere, no me libro de dañar el ambiente de una manera u otra. Pero al menos, no quiero sentirme caníbal. Y lo de no comer a los animales porque son amigos, creo que es de George Bernard Shaw. Muy bueno el bloh. Saludos desde Mendoza, Argentina

  6. Yo no tengo perro, me gustan pero no para tenerlos en un piso y tampoco me siento caníbal, como tampoco me gusta que otras personas, por el hecho de no comer carne digan (sin decirlo) que los que comen carne son caníbales.

    Jesucristo comía carne (cordero), Mahoma comía carne (cordero) aunque aconsejaba no convertir el estómago en un cementerio de cadáveres (y ayunaba), los lamas del Tibet han comido carne toda la vida. Nadie en su sano juicio habríaesperado sobrevivir mucho tiempo sin B12, así que la B12 sintética (si, es sintética, no es de la “naturaleza”) permite ahora vivir sin carne sin tener que sufrir un proceso de degeneración y enfermedad terrible, pero este descubrimiento no debería ser causa de llamar caníbal a nadie. Nadie es mejor que nadie, al menos hasta que te metas un par de semanas dentro de sus zapatos…
    Tan pronto las condiciones económicas cambiaran, podría ser que por escasez de energía (hidrocarburos y uranio son los garantes del estatus energético actual) tal vez ya no pudiéramos sintetizar y distribuir por el mundo la B12. Como con tantas otras cosas propias de los siglos XX y XXI, la gente es muy buena, solidaria y educada mientras que (gracias a la industrialización y a la revolución agrícola y científica) no le falte de nada. Imaginen cualquier súbito cambio de las circunstancias financieras, agrícolas, hídricas o energéticas y piensen quienes serían los más bestiales de los seres humanos,¿Aquellos que se vienen ajustando a la vida tradicional (ganaderos, pescadores y agricultores “incultos” e “iletrados” del tercer mundo) o los “solidarios” y superelevados cyber profesionales del occidente post-moderno?

    Por cierto, la verdadera razón de fondo por la que muchas personas no coman perro o en su lugar seres humanos está en las religiones abrahámicas en las que estas personas han nacido. Los chinos y otros seres humanos que no han mamado estos patrones culturales no tienen estos prejuicios instaurados en el Corán o la Biblia y tienen otra visión de los carnívoros o de los insectos muy distinta de la nuestra. La película bambi de Walt Disney tiene también mucho que ver.

    • Totalmente de acuerdo, Eduardo. No hay que condenar moralmente a nadie, tan solo por el hecho de comer carne. Has presentado argumentos muy válidos para no hacerlo. Y, en efecto, la gente es muy educada, buena y solidaria mientras las condiciones persistan, pero me gustaría verlos atrapados por alguna carencia o necesidad imperiosa, ya que actualmente hay muy poca tolerancia a la frustración… Dios nos pille confesados.

      Saludos

      • Ojalá no tengamos que comprobar lo similares a nuestros antepasados que terminaríamos siendo si las cosas se pusieran de mal cariz,.. Respetos a Elena y a todos los veganos en general, solo quería que reflexionemos, pues somos los viejos seres humanos de siempre, con aviones supersónicos y teléfonos digitales, pero no mejores o peores.

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