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GAPS (Síndrome del intestino y la psicología)

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La doctora Natasha Campbell-McBride es rusa y neuróloga. Aunque procede de este país, trabaja en el Reino Unido y su actividad abarca dos ámbitos aparentemente muy distintos: la neurología y la nutrición. De hecho está especializada en ambos, y en su trabajo investiga las conexiones que existen entre la mente y sus enfermedades y el intestino y sus dolencias.  Su trabajo como neurólogo comenzó en Rusia y, tras varios años de neurocirujana, se trasladó al Reino Unido, donde estudió y se graduó como Nutricionista.

Nuestra protagonista es conocida por sus teorías (cada vez más comprobadas) sobre la relación entre el cerebro o la psicología y el funcionamiento del intestino: ella lo denomina GAPS (Gut And Psychology Syndrome) del que ha escrito numerosos artículos y varios libros.

Según la doctora Campbell-McBride, muchas enfermedades psicológicas derivan de un incompleto sistema entérico o intestinal, dañado o arrasado por los medicamentos, en el que falta la flora intestinal. En concreto, existe una relación innegable, etiológica,  entre la eliminación directa de la microflora intestinal producida por una dieta equivocada en la persona de que se trate, los trastornos debidos a la mala calidad de la mucosa intestinal, y los problemas inmunológicos, produciendo una pérdida de la salud del cuerpo y sobre todo de la mente.  Natasha Campbell McBride nos indica claramente el impacto de la fisiopatología de los síndromes psiquiátricos graves, como la esquizofrenia, el autismo, la depresión, el trastorno de hiperactividad por déficit de atención y la dislexia. Este síndrome es conocido como síndrome enteropsicológico (GAPS).

Ambos órganos (el intestino y el cerebro) están formados por el mismo tipo de tejido y en el intestino (donde está situado el sistema nervioso entérico) existen neuronas que lo conectan eléctricamente con el sistema nervioso central: el nervio vago.  El intestino genera serotonina a partir de las células enterocromafinescélulas de Kulchitsky que se encuentran en el epitelio del tracto gastrointestinal (GI). El 90% de la serotonina se encuentra en el GI donde sirve entre otras cosas para regular los movimientos peristálticos. El resto se sintetiza en las neuronas serotoninérgicas del Sistema Nervioso Central.

Estudios científicos realizados en todo el mundo confirman que la actividad de la microflora intestinal (y su estado de salud) influyen decisivamente en la respuesta del SNC y de estructuras cerebrales como el hipocampo entre otras, a través del sistema vagal(1). Otros estudios confirman que la microbiota intestinal puede producir triptamina (2).

(1) The intestinal microbiota affect central levels of brain-derived neurotropic factor and behavior in mice.

(2) Discovery and Characterization of Gut Microbiota Decarboxylases that Can Produce the Neurotransmitter Tryptamine.

2 Comentarios

  1. Esta doctora dice que los niños autistas que trata suelen ser hijos de una madre con enfermedad autoinmune, que han heredado de su madre un intestino con flora intestinal deprimida. En mi caso así es; tengo hipotiroidismo autoinmune, de Hashimoto, y mi hijo tiene Síndrome de Tourette, que parece ser que es un autismo en grado bajo.
    Gracias por la información, Antonio.

  2. Otro autor, que ya escribió un libro titulado “Cerebro de pan” llamado David Perlmutter, que también es neurólogo, ha escrito el libro “Alimenta tu cerebro” con subtítulo “El poder de la flora intestinal para proteger tu cerebro… de por vida” y en la introducción de dicho libro, ya dice textualmente que: “El
    sistema digestivo está íntimamente conectado con lo que ocurre en el cerebro”.
    Creo firmemente que una nutrición inadecuada: cargada de carbohidratos refinados, de alimentos ultraprocesados , atiborrada de conservantes, colorantes y similares, con cantidades ínfimas de buenas grasas (aquí incluyo a las injustamente denostadas grasas saturadas) por la obsesión por los productos desnatados y 0,0% y sin la cantidad suficiente de vegetales, está llevando al común de los mortales a una gran proliferación de enfermedades de origen metabólico.
    No sé si peco de pesimista, pero teniendo en cuenta los grandes intereses económicos que entran en el juego de la salud y la alimentación, veo muy difícil, por no decir imposible que esto cambie.
    Un saludo

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