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Las causas de la desaparición de las bacterias intestinales

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En condiciones normales, los seres humanos adquirimos la flora intestinal durante el parto. Luego, durante el amamantamiento, se completa esa flora. Si el bebé nace por cesárea y después no es amamantado, es decir, si se contravienen estos dos modos naturales de nacer y alimentarse, carecerá de probióticos y, salvo que se repongan de forma artificial, será difícil que los adquiera. Mellado Durán, E. et al. (2012)  consideran que los microorganismos que colonizan el tracto intestinal dependen de muchos factores, tanto genéticos como de desarrollo del sujeto y ambientales, como la alimentación y los medicamentos(1).

La administración de antibióticos a la madre durante el embarazo puede acabar con la flora bacteriana materna, e impedir su transmisión al hijo. La misma operación realizada en el niño durante su infancia, en cualquiera de los episodios de anginas tan normales en ellos a estas edades, dejará arrasado su intestino.

Sí, añadido a esto y durante su crecimiento, el niño se alimenta de forma no natural, es decir, con comida envasada, industrial, sin consumir verduras crudas, y bebe sistemáticamente agua clorada o fluorada, el niño carecerá durante su crecimiento de reservas probióticas, que provocarán en él no pocos efectos secundarios y, a veces, no tan secundarios.

En ocasiones todos estamos sujetos a la aparición de estas circunstancias.

Los intentos de suplir esto mediante yogures, aunque van en la dirección correcta, no son eficientes. En primer lugar porque los yogures actuales tienen muy poca cantidad de bacterias, en segundo lugar porque normalmente solo aportan una cepa. Por eso se producen tantas situaciones deficitarias de probióticos. Es necesario aportar muchas cepas, porque cada una de ellas prepara el terreno a las otras, y esto solo sucede con los alimentos fermentados en base a verduras (también carnes y pescados) que suministran docenas de cepas distintas.

 

 

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Antibióticos

En particular, los antibióticos, alteran un porcentaje alto de la flora intestinal. La revista británica Gut de la Sociedad Británica de Gastroenterología ha publicado un artículo de investigadores del CSIC donde se reconoce el efecto negativo, temporal y definitivo de los antibióticos sobre la flora bacteriana:

Según los resultados, la biodiversidad de las bacterias que forman la microbiota intestinal disminuye durante el tratamiento hasta el punto de alcanzar su mínimo 11 días después del inicio. Sin embargo, al acabar la terapia, la situación se revierte y el paciente presenta una población bacteriana similar a la que tenía al principio.

No obstante, según Ferrer, la investigación “demuestra por primera vez que las bacterias intestinales presentan una menor capacidad de producción de proteínas, así como deficiencias en actividades clave, durante y al finalizar el tratamiento”. En concreto, el estudio sugiere que la microbiota intestinal presenta una menor capacidad para asimilar hierro y digerir ciertos alimentos así como de producir moléculas esenciales para el organismo.

Esto no era desconocido, era, más bien algo lógico porque los antibióticos fueron desarrollados para combatir bacterias. No obstante, parece que el efecto es similar al de la quimioterapia: por destruir bacterias perjudiciales, se destruyen todas las demás.

La simbiosis con las bacterias beneficiosas pasa más desapercibida que los efectos de las bacterias perjudiciales. Esto es normal, pero habría que empezar a pensar que, quizás, son las bacterias beneficiosas (probióticos) los primeros antibióticos de los que disponemos, sin darnos cuenta.

 

 

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Consumo de alimentos procesados

Los alimentos procesados (aquellos que no llegan a su mesa exactamente como los produce la naturaleza) son una de las causas más importantes de la desaparición de la flora bacteriana. Estos alimentos traen aditivos que son perjudiciales para su tracto digestivo (conservantes, edulcorantes) pero la mayoría de las veces basta con su composición básica, porque están hechos de hidratos de carbono y azúcares, harinas refinadas o zumos. La bollería industrial, panes, dulces, comida basura, zumos envasados, postres lácteos, tienen gran cantidad de azúcar y/o fructosa que, lamentablemente, sirven de alimento a bacterias patógenas, hongos y levaduras, las cuales compiten con las bacterias beneficiosas. Si fomentamos la reproducción y el desarrollo de las comunidades de simbióticos patógenos, favorecemos la eliminación de los simbióticos benéficos. Dicho de otro modo, tenemos que poner mucho cuidado al decidir cuales serán nuestros alimentos, porque esto determinará el tipo de flora que dominará en nuestro intestino y en todo el cuerpo.

 

 

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Carnes de producción masiva

Se sabe que en las explotaciones avícolas masivas en las que los animales están hacinados, solo pueden mantenerse si se les aporta antibióticos, por que de otra manera enfermarían.  También se les aportan antibióticos para contrarrestar la disminución de las defensas causada por el estrés debido a los transportes. En definitiva, se trata de explotaciones en las que los animales están enfermos y viven en condiciones deplorables, física y anímicamente.  Pues bien, al consumir estos animales, no solo ingerimos animales enfermos (con lo que estamos comiendo un producto deficitario en sustancias nutritivas) sino que también estamos introduciendo en nuestro cuerpo los medicamentos que traen consigo. Estos medicamentos (hormonas de crecimiento, antibióticos) afectan a todo nuestro sistema y, en particular destruyen la flora bacteriana.

Debemos elegir con mucho cuidado las carnes que consumimos, eligiendo solo aquellas que nos den garantías de que los animales viven en condiciones dignas y naturales. Los pollos de corral, los cerdos ibéricos y las vacas o terneras de pasto son preferibles frente a las carnes de dudosa procedencia. Compre la carne en carnicerías que le confirmen la procedencia de sus productos o, si lo prefiere, deje de consumir productos animales.

De esta forma, dejando de consumir estas carnes, no solo favoreces tu salud, sino que impides que se perpetúe el mal trato a las reses y a las aves. Comprando pollo de corral fomentas las explotaciones en las que se da una vida digna a los pollos, porque de esta manera disponen de un espacio mínimo en el que moverse y de aire libre y sol. Lo mismo sucede cuando compras huevos de gallinas camperas.

 

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Zumos de fruta

Los zumos de frutas naturales se muestran como la panacea de la salud, con los cuales nuestro cuerpo funcionará como un reloj y nos ayudarán a estar más fuertes, sanos y atractivos. Algo de razón tienen quienes anuncian esto, porque los zumos nos aportan una cantidad extra de vitaminas, según la fruta que hayamos exprimido o licuado. Pero la verdad no acaba aquí. Si consumimos la fruta en forma de zumo hacemos dos cosas mal: por un lado ingerimos de golpe una gran cantidad de fructosa que obliga a nuestro cuerpo a producir insulina para quemarla, con lo que estamos comprando todos los boletos para ser futuros diabéticos, y por otro lado, toda esa fructosa (que no es otra cosa que azúcar)  alimentará a los hongos y levaduras que viven en nuestro tracto digestivo, las cuales competirán con las bacterias favorables de nuestro intestino y estas se verán reducidas. Además, esa fructosa terminará convertida en grasa y fomentará la obesidad.

Los zumos naturales no son malos, pero tiene que ser consciente de que está consumiendo básicamente azúcar y tirando la fibra. Dicha fibra debería servir como alimento a su flora intestinal (prebiótico) y si consume zumos está evitando su ingesta. En cambio, la fruta consumida entera aporta la dosis justa de ambas cosas (vitaminas y fibra).

 

(1) Mellado Durán, E., Jos Gallego, A., Moreno Navarro MI., Camean Fernández, AM. (2012): Importancia de la microbiota del tracto gastrointestinal en toxicología alimentaria. Ediciones Díaz de Santos. Enlace al libro en Google Books.

 

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2 Comentarios

  1. HOLA. Muuuy interesante todo. Llegué por casualidad a la página y no encuentro redes donde suscribirme para seguir recibiendo información

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