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Prebióticos vs probióticos

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No hay que confundir los probióticos con los prebióticos.

Los primeros son la flora intestinal beneficiosa, mientras que los segundos son el alimento de dicha flora.  Sin los prebióticos, dificilmente se desarrollará una buena flora bacteriana. Los alimentos prebióticos son, por regla general, todos aquellos hidratos de carbono que no se digieren (fibra vegetal) que mejoran el desarrollo de la flora bacteriana en el colon. Un ejemplo de estos son los fructooligosacáridos, presentes en multitud de fuentes alimentarias como las patatas, las bananas y los plátanos, cebolla, puerro, espárragos, cebada, trigo integral, ajo, alcachofa, achicoria, etc… Han sido catalogados como suplementos dietéticos muy importantes porque promueven el desarrollo de la flora intestinal, ya que sirven de alimento de las cepas bacterianas. Su función de desarrollo de la flora se debe a la presencia de inulina.

La inulina es un glúcido complejo compuesto de cadenas moleculares de fructosa. La fructosa es un monosacárido, pero cuando se une en cadenas más largas con otros monosacáridos, se forman glúcidos complejos o polisacáridos.

Se encuentra en las raíces de algunas plantas (cebolla, puerro, ajo) en los tubérculos de otras (patatas) como sustancia de reserva, es decir de almacenamiento. Es por tanto una sustancia que forma parte de la fibra de los vegetales, la que no podemos digerir los seres humanos. No obstante, el que no sea digerida no significa que su ingestión no produzca beneficios, ya que, muy al contrario, dicha fibra facilita y promueve los movimientos peristálticos del intestino y sirve de alimento a la microbiota.

Inulin_strukturformel

Inulina: cadena de fructosas

El almidón resistente

El almidón es el principal polisacárido de reserva o almacén de los vegetales.

Hasta hace poco tiempo los dietistas pensaban que el almidón se digería íntegramente. La digestión del almidón consiste en romper las largas cadenas de polisacáridos en moléculas más simples (glúcidos) que se pueden aprovechar. Pero no. Ahora (desde el año 2002) se sabe que hay algunos almidones que no se digieren, que se resisten a la digestión en el intestino delgado, es decir, que las largas cadenas no se rompen en cadenas más simples. . Esto hace que estos restos de almidón sin digerir, avancen por el tracto digestivo y lleguen al intestino grueso.

El almidón presente en algunos alimentos, al ser cocinado, se rompe en moléculas más sencillas. No obstante, si estos se dejan enfriar se produce un proceso de reversión o cristalización. Por eso, las patatas calientes cocinadas presentan una composición de almidón digestible, mientras que las mismas patatas dejadas enfriar, tienen una gran cantidad de almidón resistente, que actúa como prebiótico.

Alimentos con almidón resistente: los plátanos verdes y las patatas cocidas frías.

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