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Congreso España: Comisión de investigación sobre la gestión de las vacunas

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Comparecencia en el Congreso de los Diputados del Señor Joan Ramón Laporte Roselló. Profesor Honorario de la Universidad Autónoma de Barcelona

Siete de febrero 2022

Tiene usted la palabra.

Muchas gracias Sr. Presidente. Señorías, agradezco a esta comisión su invitación a comparecer para comentar aspectos relativos a la campaña de vacunación contra la Covid 19 en España.

En primer lugar me presentaré, inicié la farmacovigilancia en España y en el servicio español de Farmacovigilancia en los años ochenta. Fui director del Centro Coordinador del Sistema Español de Farmacovigilancia, y miembro de la comisión nacional de Farmacovigilancia hasta la creación de la Agencia Española del Medicamento en 1999. Y desde esta fecha hasta la actualidad he sido experto externo de esta institución y durante un tiempo miembro de su consejo asesor. Fui presidente del comité de medicamentos esenciales de la OMS en 2004. He publicado más de doscientos cincuenta trabajos originales referenciados en bases de datos de revistas con revisión por pares de investigación en farmacología clínica, Farmacovigilancia y Farmacoepidemiología, y dirigí el Centro Colaborador de la OMS en Farmacoepidemiología hasta 2017. En la actualidad soy también experto externo de la Agencia Europea del Medicamento, en materia de Farmacovigilancia y formo parte del comité científico de la Agencia Francesa del Medicamento y la Alta Autoridad de Salud de Francia. Aparte de seguir como consultor de otras agencias nacionales de medicamentos.

No tengo conflictos de intereses relacionados con la Industria Farmacéutica o los productos sanitarios.

Se me ha convocado a opinar sobre problemas o dificultades que se hayan producido hasta la fecha en el proceso de vacunación, y en la aplicación por parte de las Administraciones públicas competentes de la estrategia de vacunación frente a la Covid 19 en España y sus posteriores actualizaciones.

Y en los últimos días he podido escuchar gran parte de las comparecencias ante esta comisión y he pensado que puedo aportar algunos comentarios sobre tres cuestiones. Quizá no me dé tiempo de todas ellas.

La primera, y a la que voy a dedicar más tiempo, la farmacovigilancia de las vacunas y el papel de las agencias reguladoras. La AEMPS en España y la EMA en la Unión Europea.

La segunda; algunos aspectos relacionados con la campaña de vacunación.

Y la tercera (si me da tiempo) unos comentarios sobre los derechos de la propiedad intelectual sobre las vacunas.

Sanidad estudia ahora los posibles efectos adversos de la vacuna en las mujeres

PRIMERO. Farmacovigilancia, agencia española y agencia europea.

En materia de farmacovigilancia, los comparecientes en esta comisión, representantes de la agencia española han descrito los complejos procedimientos y mecanismos de coordinación que han desarrollado para hacer frente a la epidemia de Sars Cov2, reuniones, coordinación entre diferentes organismos de la Administración. Con otros estados miembros de la Unión Europea y con la Agencia Europea y con la CCAA.

Procedimientos, pero escasos resultados si se exceptúan los relativos a la alta tasa de vacunación alcanzada, que al fin y al cabo no es más que lo que llamamos una variable instrumental, pero no una variable de resultados. El resultado es la prevención de la enfermedad y de la muerte.

Análogamente los informes de farmacovigilancia de la Agencia Española, el último, el duodécimo publicado el pasado 26 de enero, informan de más de 55.000 notificaciones recibidas de efectos adversos de las vacunas hasta el 9 de enero de 2022. De éstas, 375 tuvieron desenlace mortal y más de 11.000 fueron calificadas como graves. Y cito lo que el sistema español de farmacovigilancia entiende como grave; entendiéndose como tal, cualquier acontecimiento adverso que requiera o prolongue la hospitalización. Que dé lugar a una discapacidad significativa o persistente, o a una malformación congénita que ponga en peligro la vida del paciente, o que resulte mortal. Así como cualquier otra condición que se considere clínicamente significativa.

Repito; más de 11.000 acontecimientos adversos graves después de la vacunación notificados al sistema.

La publicación de estos datos puede ser vista como un ejercicio de transparencia, pero la realidad es que a falta de más detalles, son difícilmente interpretables. Por ejemplo; a pesar de que en esta fecha se estaba iniciando la vacunación infantil y de adolescentes, (en enero) y de que se citan casi 900 efectos adversos en menores de veinte años, el informe no comenta los casos en este grupo de edad, precisamente el que concita mayores incertidumbres sobre la conveniencia de la vacuna.

La transparencia no consiste solamente en subir informes técnicos a la WEB, que también, sino sobre todo en iluminar, en ayudar a dirigir la mirada, y en ayudar a comprender. De lo contrario se siembra el terreno para que proliferen la desconfianza y las suspicacias. Quién sabe si por una intención de esconder la información en una montaña de datos. O quizá, porque se entiende, equivocadamente, que esta comisión no es el foro para debatir cuestiones técnicas, este tipo de datos no han sido presentados ante sus señorías. De modo que la propia comisión no ha tenido una oportunidad de preguntar sobre el uso que se hace de ellos.

Señorías, les quiero comentar algunas cuestiones técnicas que puede entender cualquier ciudadano, que creo que les pueden ser útiles.

Doce consideraciones me parecen oportunas sobre la farmacovigilancia de las vacunas.

La primera.

Las primeras vacunas disponibles contra la COVID, como recordarán en España y las más utilizadas hasta el día de hoy han sido “Comirnaty” de Pfizer, de la que se han administrado más de 54.000.000 de dosis hasta el pasado 9 de enero. Y “Spikevax” de Moderna con 14.000.000 de dosis. Estas dos vacunas se basan en una nueva tecnología. Así como las vacunas tradicionales con gérmenes atenuados, o porciones de ellos que estimulan el sistema inmunitario, las vacunas de RNAM introducen un ácido nucléico que da instrucciones a las células de la persona vacunada, para que fabriquen esta proteína del virus, la llamada SPIKE, que ella a su vez estimulará el Sistema Inmunitario.

Conviene recordar aquí que el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, define a una vacuna como (cito), “preparado de antígenos que administrado a un organismo provoca en él, una respuesta de defensa. Según esta definición las vacunas de Pfizer y Moderna, no son verdaderas vacunas, son fármacos basados en una tecnología nunca usada en terapéutica hasta ahora, y menos en campañas masivas. De ahí, que la vacunación masiva supuso un experimento global, (y esto me parece esencial para entender lo que voy a decir a partir de ahora) sin precedentes en la Historia de la Humanidad.

 

Segunda consideración.

Los resultados de los primeros ensayos clínicos sobre las vacunas de Pfizer y Moderna, publicados en diciembre de 2020, mostraron valores de eficacia preventiva cercanos al 90% o más. Parecían muy convincentes, y el mundo comenzó a respirar, nunca mejor dicho, ante la perspectiva de las vacunas, y a suspirar también por ellas. Pero deberíamos ser conscientes de que entrábamos en un experimento vacunal global, por su extensión y por la nueva tecnología que entrañaba.

 

Tercera idea.

Un ensayo clínico de vacunas o de cualquier medicamento da información que es preliminar, y debe ser comprobada en la práctica. Esto es la Farmacoepidemiología; comprobar lo que ocurre en la práctica, que no es lo mismo que los ensayos clínicos. Por ejemplo en el ensayo clínico sobre la vacuna de Pfizer con más de 43.000 participantes, sólo cinco de estos 43.000 eran mayores de 85 años. Y sólo un 4% eran mayores de 74 años. Un ensayo clínico hecho en poblaciones que no eran las más vulnerables a la enfermedad. Sin embargo, como todos sabemos, la vacunación en España comenzó en los mayores de 80 años, y la primera persona vacunada que ha sido recordada en esta comisión tenía 96 años, cuando recibió la primera dosis. Una persona no representada en los ensayos clínicos sobre las vacunas.

 

Cuarta consideración.

Los ensayos clínicos de medicamentos y vacunas, son diseñados, realizados e interpretados por la compañía promotora. El control de calidad de los datos recogidos también corre a cuenta del promotor. Y el control de la gestión de datos por las administraciones públicas, se basa en inspecciones que son solamente muy ocasionales.

Recientemente el British Medical Journal, describió irregularidades en el ensayo de Pfizer, conocidas como el “Pfizergate”. El fraude, el fraude es habitual, a menudo y sobre todo en la catalogación y archivo de los acontecimientos adversos. Les contaré ahora un ejemplo que estoy autorizado a contarles. El equipo RxISK, (riesgo en inglés) con una “x” de prescripción médica, se autodescribe como un grupo de expertos médicos de alto nivel de reputación internacional en la detección precoz de efectos adversos de medicamentos y en la mitigación de sus riesgos, farmacovigilancia y atención de pacientes. Fue constituido en 2012 y dirigido por el profesor Davis Kily de la universidad McMaster de Canadá. En colaboración con RxISK, decía. Hemos entrevistado y revisado hasta ahora la Historia Clínica de tres participantes en ensayos clínicos, uno en el de Pfizer adultos, otro en el de Pfizer pediatría, y uno en el de adultos de Astra Zéneka, que han padecido de efectos adversos graves incapacitantes y que han sido literalmente desaparecidos y uso la palabra que me recordó porque una de estas víctimas es argentina, de los informes de estos ensayos.

Puedo decir que no es cierto que no se registraran acontecimientos adversos graves en los ensayos clínicos, que no se registraran. Ocurrieron pero no fueron registrados que es diferente.

Comenzamos a tener constancia de que algunos problemas fueron escondidos debajo de la alfombra. Estos casos serán públicos dentro de una semana en la web de RxISK, con nombres y apellidos de los pacientes y de los médicos que han revisado la Historia. No con datos anónimos, para aumentar la credibilidad de los casos.

 

Quinta consideración.

En las publicaciones de los ensayos clínicos, entre ellos los de las vacunas de RNA, se ofrecen solo datos muy generales y de forma agrupada, además del fraude, también es habitual la presentación tendenciosa de los resultados. Por ejemplo, tendenciosidad que consiste en expresar la eficacia en términos relativos y no absolutos.

En el ensayo de Pfizer por ejemplo se registraron 162 casos de Covid19 en el grupo placebo, comparado con 8 en el grupo vacunado, lo que supone una diferencia en el término relativo de un 95%, (8 ES EL 5% DE 160). No obstante la realidad fue que la incidencia de PCR + para Covid, ni tan solo enfermedad clínica, sólo PCR +, había sido de menos de un 1 % en el grupo placebo, comparado con 0,04 % en el grupo vacunado. Una diferencia de menos de 0,9% en términos absolutos, (menos de un 1%).

O tendenciosidad también consistente en ocultar determinados resultados en el artículo publicado. Por ejemplo en los ensayos clínicos con la vacuna de Pfizer y de Moderna, en el de Pfizer se registraban 14 muertos en el grupo placebo, y 15 en el grupo vacunado. No me he equivocado; una muerte más en el grupo vacunado que en el grupo placebo. En el ensayo de Moderna, se registró el mismo número de muertes; 14 en cada grupo. ¡No señorías! Los ensayos clínicos no han demostrado que las vacunas salven vidas. Quizá se haya visto en otros estudios una tendencia; disminuir las hospitalizaciones, pero no hay lo que se llama una evidencia en términos oficiales de esta medicina mercantil que vivimos, de que las vacunas salven vidas.

El número de fallecimientos registrados en cada grupo de estos ensayos, en los artículos publicados, no fue ni tan solo mencionado en los artículos principales. Si sólo se podía encontrar después de revisar el material de decenas de páginas del material suplementario que se cuelga en la web. Señorías, no dispongo del tiempo necesario para aburrirles extendiéndome en otros detalles; pero les aseguro que los resultados de los ensayos clínicos promovidos por las compañías farmacéuticas, deben ser considerados más bien como indicios, y de ningún modo como lo que llaman evidencias.

Según, una vez más el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, es evidente lo que es; cierto, claro, patente y sin la menor duda. ¡Triste ironía! Que expertos y dirigentes de instituciones sanitarias, sigan insistiendo en la palabra “evidencias”, ante una enfermedad nueva, y por lo tanto poco conocida, imprevisible en su evolución epidémica, y en las secuelas que va a dejar.

Las llamadas evidencias sobre las vacunas no tenían nada de cierto, nada de claro y sí, ¡muchas patentes! De la definición de lo que es evidente.

 

 

Sexta consideración.

En cualquier caso, con fraude o sin él, con presentación tendenciosa de los resultados o no, los resultados obtenidos con cualquier ensayo clínico deben ser revisados en detalle, por expertos en la materia, lo que requiere tiempo sin duda, pero también en primer lugar transparencia. Y les voy a poner un ejemplo, Pfizer, anunció que haría pública la totalidad de los resultados de su ensayo clínico sobre la vacuna en 2025. ¿Se lo pueden creer? ¡Pues bien! Parece que ni esta fecha era cierta. En el pasado mes de enero, a petición de varias organizaciones civiles por la transparencia, un juez federal de USA obligó a la FDA y a Pfizer, a hacer públicos estos resultados en un lapso de meses, en lugar de los ¡75 años! que pretendía la compañía y que había pactado con Pfizer.

 

Séptima consideración.

Además de todo lo dicho, los resultados de los ensayos clínicos deben ser confirmados por la práctica, y esto requiere un muy cuidadoso seguimiento del experimento global de la vacunación contra la Covid19. De ahí la necesidad de la farmacovigilancia, yo diría más, de una farmacovigilancia reforzada.

 

Octava consideración.

A pesar de los resultados aparentemente optimistas de los ensayos clínicos sobre las vacunas contra la Covid, ya en enero de 2021, hace trece meses, teníamos ya cinco áreas bien identificadas de incertidumbre. Primero ¿Cuál sería la duración de la eficacia preventiva de la vacuna? Y hemos podido comprobar que al cabo de los seis meses de la segunda dosis, la eficacia disminuye en un 20% o 30%. Pero es curioso, en lugar de tomar nota de este hecho como una insuficiencia de las vacunas, los fabricantes acogieron esta noticia con subidas de su cotización en bolsa. Claro, si un producto es ineficaz o parcialmente eficaz, habrá que ir repitiendo dosis, si es posible durante toda la vida. Esto es el sueño de cualquier vendedor de medicamentos, para el colesterol la osteoporosis o de vendedor de crecepelos. La realidad es que necesitamos mejores vacunas en términos de eficacia protectora, como ha dicho el Secretario General de la OMS.

La segunda duda se refería al efecto preventivo de las vacunas sobre las nuevas variantes del virus. La eficacia de las vacunas frente a la cepa (variante) delta, fue inferior a su eficacia sobre la alfa. Y la experiencia reciente ha mostrado que las vacunas no han funcionado frente a la cepa (variante) Omicron. Y añado, a pesar de los llamamientos a la población a vacunarse cuando llegó la Omicron. Por ejemplo; los datos oficiales reproducidos por el profesor Luis Carlos Silva relativos a Cataluña, muestran que entre el 23 de diciembre pasado y el 12 de enero, en plena onda Omicron, se registraron 37.000 diagnósticos de Covid por PCR en personas vacunadas, y 30.000, algo menos en personas no vacunadas. Esto no quiere decir que los vacunados tuvieran más enfermedad por Omicron, lo que quiere decir, o se puede interpretar sin duda es que la vacuna no protegía contra la enfermedad producida por la cepa (variante) Omicron.

La tercera duda o incertidumbre que existía con las vacunas, se refería a si evitarían la transmisión o contagio. Y está claro que las vacunas no evitan la transmisión de la enfermedad. Aunque algunos comparecientes lo han dicho con la boca pequeña. ¡No la evitan! De tal modo que el pasaporte o certificado Covid carecía de base científica, y además puede haber contribuido a aumentar el número de casos, puesto que daba una falsa sensación de seguridad a quienes lo obtenían.

La cuarta duda se refiere a los efectos adversos. Ustedes recordarán que cuando salió la vacuna de Astra Zéneca, se habló de una señal de farmacovigilancia de un riesgo de trombosis graves, sobre todo en mujeres jóvenes. La señal apareció a finales de enero. El Comité de Seguridad de la Agencia Europea, tan halagado en esta Comisión Parlamentaria, no se reunió hasta principios de marzo, y convocó una rueda de prensa el 31 de ese mes. Total para decir que no disponían ni siquiera de cifras de vacunación, en los Estados miembros por franjas de edad y sexo. Y por lo tanto no podían calcular la incidencia de si las mujeres tenían más riesgo, las jóvenes más que las mayores etc. Además la EMA, sabiendo que esto es incorrecto, insistía en la baja incidencia, sin distinguir la incidencia real de los acontecimientos, de la realmente notificada. Les pongo un ejemplo; en relación con las trombosis, entre el 1 de enero y el 19 de abril de 2021, en Cataluña se notificaron 53 casos de trombosis. Es mucho; existía mucha publicidad sobre el problema y esto favorece que se notifiquen estos casos. Pero las bases de datos sanitarias de los Centros de Salud de Cataluña contenían ¡540 casos! ¡Más de diez veces más! Que naturalmente en su mayoría no habían sido notificados.

O también el problema de la miocarditis y la pericarditis. Se nos dijo primero por la EMA que la incidencia podía estar en un caso por millón. De entre uno y diez casos. Después se rebajó la estimación a un caso por cien mil. Después salió un estudio Israelí que hablaba de un caso por diez mil, entre los adultos jóvenes. Ustedes habrán visto, o habrán oído hablar de jugadores de fútbol famosos, e incluso de espectadores de acontecimientos deportivos que colapsan en mitad del partido. Son personas vacunadas que tienen problemas cardiacos, posiblemente atribuibles a la vacunación. Y de eso no se habla.

La última incertidumbre que teníamos cuando aparecieron las vacunas, ha sido ampliamente debatida en esta Comisión, se refiere al acceso a las vacunas a escala global.

Y querría hacerles algunas reflexiones más, referentes a la farmacovigilancia de las vacunas. Además de lo que les he contado, el seguimiento de la seguridad de las vacunas, ha puesto de manifiesto las deficiencias de la farmacovigilancia en la Unión Europea. La agencia europea, tal y como les he contado ha reaccionado tarde y de manera paquidérmica e insuficiente ante las señales de efectos indeseados que han ido surgiendo, y sus vacilaciones, no han ayudado a las autoridades de los Estados miembros, a orientar las campañas de vacunación según los resultados obtenidos. De hecho cada país, adoptaba una manera diferente en cuanto a su política de vacunación. Han prevalecido los procedimientos y la burocracia por encima de la ciencia, el sentido común y la atención a las incertidumbres inherentes al experimento global emprendido.

 

Décima consideración (En realidad novena)

No se trata solamente de un incidente o de la ineptitud de algún funcionario; la Agencia Europea del Medicamento, está financiada en más de un 80% por las tasas aportadas por las compañías farmacéuticas. Está concebida legalmente, para autorizar la comercialización de medicamentos y vacunas, pero no para interactuar con los sistemas sanitarios de los Estados miembros.

 

Undécima consideración. 

La pandemia ha hecho evidente que legislación europea sobre farmacovigililancia, basada en la notificación voluntaria, y en planes de gestión de riesgos desarrollados por las propias compañías fabricantes, está más concebida para proteger a estas últimas que para proteger a los ciudadanos.

 

Y última consideración.

En este contexto, quisiera comentar el escaso uso que se ha hecho de las bases de datos en España, para hacer un seguimiento, de la vacunación, de sus efectos beneficiosos, y de los posibles efectos indeseados en el contexto de la epidemia. Probablemente no se trata sólo de una oportunidad desaprovechada y perdida, sino más bien del reflejo de la falta de voluntad del Sistema Nacional de Salud, para ser un verdadero productor de conocimiento, y no lo que es actualmente, según mi opinión, un mero receptor pasivo de claves de clara intencionalidad comercial. Un comprador ignorante de tecnología que a menudo paga humo a precio de oro.

La pandemia también ha puesto en evidencia la existencia de un enorme mercado de explotación de bases de datos sanitarias para estudios epidemiológicos, canalizado por la Agencia Europea, de manera no democrática, y me atrevo a decir que incluso colonialista en connivencia con centros universitarios adictos a la política de la Agencia.

 

Se me acaba el tiempo presidente (dirigiéndose al presidente de la Comisión Parlamentaria). Tenía algunos comentarios sobre la campaña de vacunación, si se me perite presentarlos en cinco minutos… (El presidente le da permiso)

Muchas gracias… Querría en segundo lugar a algunas cuestiones de la campaña de vacunación, y en particular a lo ocurrido en las residencias de personas mayores.

La epidemia incidió especialmente en las residencias, sobre todo al principio. Y la mortalidad fue 57 veces más alta que en la población general. Una mortalidad del 9 o 10% en las residencias, comparada con el resto de la población con una mortalidad general de la población de menos del 0,11 %.

Presumimos de Sistema Sanitario señorías, pero dejamos a los más vulnerables en manos de la iniciativa privada, que es la que lleva las residencias. ¿Cuáles son los factores de riesgo de morir en una residencia? Sin duda, sin duda, la edad y la pluripatología, pero también la mala atención, derivada de malos contratos laborales, falta de regulación del mundo de las residencias, y la polimedicación innecesaria, un reflejo de la mala atención médica. Una amplia variedad de fármacos, que ya eran de consumo generalizado antes de la epidemia, incrementan el riesgo de neumonía y la mortalidad por la misma. De modo que al principio de la epidemia, era de esperar que también incrementara la mortalidad por Covid19. Por ejemplo hace años que se sabe que los fármacos neurolépticos o antipsicóticos duplican o incluso triplican o cuadruplican el riesgo de neumonía y su mortalidad por ese proceso. En Cataluña, unas 100.000 personas mayores de setenta años, los consumen de manera continuada. En la mayoría de los casos en indicaciones no autorizadas por la agencia española del medicamento. Al inicio de la pandemia, de las 64.000 personas en residencias en Cataluña, 22.000 consumían estos fármacos. Muchos otros fármacos que tienen efecto depresor del sistema nervioso central, también incrementan el riesgo de neumonía en dos a cuatro veces. Analgésico opioides como el “Tramadol” o “Fentanilo”. Hipnóticos y sedantes como el “Orfidal”, antidepresivos como el “Prozac” y similares. Fármacos con efectos anticolinérgicos para la incontinencia urinaria de la gente mayor. Gabapentina, La famosa “Lyrica” o la “Gabapentina”. Los inhibidores de la bomba de protones (“Omeprazol”) de consumo amplísimo en nuestro país, también incrementan sensiblemente el riesgo de neumonía. Pues bien en Cataluña, tres cuartas partes de los mayores de 70 años consumen como mínimo uno de estos fármacos.

El 18 de abril de 2020, a los pocos meses del inicio de la epidemia, envié un informe sobre esta cuestión a la Agencia del Medicamento, la respuesta fue más o menos; gracias, ¿pero qué podemos hacer? La misma agencia que tiene la función legal de limitar las indicaciones de cada medicamento comercializado, no es capaz de hacer cumplir sus reglas. Repito lo dicho anteriormente cuando hablaba de farmacovigilancia; procedimientos, muchos procedimientos, pero sin atención a resultados y en desconexión al sistema sanitario. En los últimos meses se han publicado numerosos estudios que confirman las previsiones que hice al principio de la epidemia. En particular un estudio sobre la totalidad de la población de Escocia, en el que se compararon algo más de 4.000 casos de Covid mortales, o ingresado en UCI (grave o mortal), con 37.000 casos no graves, concluyo que un 38%, cuatro de cada diez pacientes, señorías, de los casos graves, que ingresan en UCI, o que mueren, hasta julio de 2020, serían atribuibles a la exposición a estos fármacos. Ustedes dirán, bueno… Si los pacientes los necesitaban… Pero no, lo más preocupante señorías, es que numerosos estudios, en nuestro país y en otros, han mostrado de manera repetida y contumaz, que cómo mínimo un 40% de las personas expuestas a estos medicamentos, los reciben sin justificación clínica alguna, y fuera de las indicaciones autorizadas por la Agencia. En algún caso el consumo injustificado puede ser del orden del 80%.

Señorías, enfermar o morir, por haber tomado un fármaco innecesario es una cruel ironía.

Y termino; el sistema sanitario tiene una responsabilidad evidente en esta cuestión. Este Parlamento, aprobó hace unos años, la desgravación de los ingresos en especies para la formación de los profesionales sanitarios. Son ingresos que proceden de la Industria Farmacéutica, que es el principal suministrador directo o indirecto de la formación continuada en España.

Me pregunto señorías; ¿Qué empresa convencional aceptaría como normal que sus trabajadores reciban regalos y dinero del principal proveedor de sus materias primas?

Varios estudios y análisis comparativos han mostrado que España es el miembro de la Unión Europea más permisivo en materia de conflicto de intereses y relaciones opacas de profesionales sanitarios con las compañías farmacéuticas. Lo mismo ocurre con las sociedades médicas y sus expertos, y no seré simpático en lo que les voy a decir, pero en este sentido me ha extrañado mucho que ninguno de los comparecientes pertenecientes a corporaciones profesionales hiciera la más mínima alusión a los conflictos de intereses de la mayoría de las sociedades médicas españolas. De los miembros de sus juntas directivas, y de sus grupos de trabajo. Y me ha llamado también la atención que ustedes no preguntaran por los conflictos de intereses.

Lo dejo de momento aquí… ¡Muchísimas gracias señor presidente!

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